Una experiencia religiosa
Por:

Loretta Favarato Geraldine Ardila Jimena Viaña


Una experiencia religiosa

Por:
Loretta Favarato
Geraldine Ardila
Jimena Viaña

El chamanismo en el umbral de lo sagrado

En el nuevo panorama religioso limeño no sólo proliferan los movimientos religiosos, sino también las creencias populares. El chamanismo constituye, quizá, uno de los fenómenos más característicos de la mutación religiosa. El antropólogo Armando Millán conversó con nosotros sobre el tema. Asegura que siempre existió este tipo de práctica popular, pero es ahora cuando se valora más la calidad de la mediación que estos hombres consiguen entre lo sagrado y lo terrenal.

¿Cómo funciona la mecánica del chamanismo?

Con el tema de los chamanes se mezclan dos planos: el plano religioso y el de la salud. Los chamanes son, tradicionalmente, personajes mágicos que tienen la capacidad de moverse en diferentes dimensiones: el mundo real y concreto y el mundo de lo sobrenatural. Ellos están entrenados para cruzar el umbral de estas dos dimensiones y pueden ayudar a otras personas a ingresar a estos mundos desconocidos. Ese sería el aspecto “religioso” del chamán.

¿Esta es la característica del chamán que prolifera en Lima?

No, en Lima, el tipo de chamán que comienza a expandirse es el que resuelve cuestiones prácticas: tengo un problema de salud, acudo donde un chamán y él me lo resuelve. No necesariamente te va a guiar a otro mundo. Ese es el chamán que ofrece sus servicios en los periódicos. Este chamán tiene que ver, precisamente, con la cuestión de la salud: proporciona una alternativa que el médico oficial no da porque el chamán puede operar a ciertos niveles que la medicina no alcanza. El médico tradicional resuelve los problemas en el plano físico, es decir, soluciona los síntomas de la enfermedad para que uno no sienta lo que está pasando. El chamán nunca va a hacer eso. Su labor es penetrar en el individuo y trabajar en todas las dimensiones que éste tiene: en el plano espiritual, en el mental y también en el plano físico. El limeño promedio reconoce intuitivamente esta ventaja que el chamán posee. En esto radica su atractivo.

¿Qué vinculación existe entre el chamanismo y el sentimiento religioso?

La religión es un sistema de creencias sobre lo divino y lo sobrenatural que ordena la vida, proporciona una orientación y responde al sentido de la vida. Este sistema está construido para que el hombre obtenga respuestas sobre lo que pasa en este mundo y más allá. Existen pocos sistemas de creencias de este tipo. Los más importantes son los que surgieron a principios de la era cristiana: el cristianismo, el Islam y la religión judía. El budismo, por ejemplo, no es una religión porque no posee una institución que paute o norme el comportamiento de vida. En este contexto, el chamán forma parte de una sociedad tradicional que no construye una religión, sino que tiene una serie de prácticas y concepciones que vienen de generación en generación y que proporcionan una lectura sobre la realidad. El chamán no es un funcionario que se encarga de administrar lo divino (como sucede con los sacerdotes católicos); es un conector real de lo sagrado, por eso nunca estará dentro de un sistema institucionalizado de creencias divinas. No está directamente relacionado con una religión en particular. Una religión sí exige una serie de funcionarios dedicados a determinadas actividades, una división de funciones, una institución que ordene las pautas y creencias de los individuos. El chamán no ordena nada. No es incompatible que un católico acuda donde un chamán porque el chamán no ofrece una nueva religión, sino una alternativa de ingreso a tu propia dimensión interior, algo que la religión a veces no puede otorgar. No hay competencia.

En este sentido, ¿cómo será el panorama religioso en la Lima de los próximos años?

En el futuro, van a seguir creciendo las opciones religiosas para el limeño. Yo creo que la búsqueda religiosa que se percibe en los últimos años radica en esta necesidad de encontrar un orden en la vida, no sólo a nivel individual, emocional y espiritual, sino también a nivel social. Se reclaman una serie de valores, desde diferentes sectores de la sociedad, que los movimientos religiosos sí pueden ofrecer. Los valores morales y los principios éticos que una religión puede brindar no necesariamente tienen que ser conservadores. Generalmente, se rechaza la religión tradicional porque, supuestamente, ofrece valores conservadores con respecto al sexo y a la forma en la que el individuo se relaciona con los demás, pero no necesariamente tienen que ser conservadores, siempre que proporcionen un orden. En los próximos años, la función de la religión probablemente entrará cada vez con mayor fuerza en ese plano social, como una forma de ordenar no solamente al individuo, sino también a la sociedad. El fracaso de las campañas educativas y de valores ha demostrado que se necesita algo más que simples llamadas de atención para lograr transformaciones profundas en el individuo: la gente no cambia porque no le interesa o porque no les llega el mensaje. Con la presencia de lo religioso, sin embargo, la gente reacciona y decide cambiar su comportamiento. En esto radicará la importancia de la religión en los próximos años.

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