Una experiencia religiosa
Por:

Loretta Favarato Geraldine Ardila Jimena Viaña


Una experiencia religiosa

Por:
Loretta Favarato
Geraldine Ardila
Jimena Viaña

El mito de la secularización ha sido un tema recurrente en los intentos por describir el comportamiento del hombre moderno. Durante años, se creyó que la modernidad venía acompañada de una pérdida significativa del espíritu religioso que se traducía en la disminución de los índices de prácticas religiosas y en el rechazo formal de los ritos e instituciones que sustentaran estas prácticas. Esta negación del sentimiento religioso respondía, de alguna manera, al individualismo y a la racionalidad propia de la modernidad industrial. Sobre este punto, el teólogo Josef Schmitz, en su libro Filosofía de la religión, sostiene precisamente que “el hombre actúa como el sujeto efectivo del conocimiento del ser en particular y en general, como el centro de todas las cosas”.

Sin embargo, un estudio minucioso sobre la inclinación religiosa del limeño promedio traería abajo esta hipótesis. De hecho, durante las últimas décadas, Lima vivió un fenómeno de proliferación de grupos religiosos bastante pronunciado. Esta multiplicación de formas trae consigo una reconfiguración del entorno religioso. El rol tradicional de la iglesia católica necesariamente se ve alterado. La forma exacta de esta transformación todavía es motivo de debate. Por un lado, el antropólogo Tito Castro afirma que “no es que haya decrecido la población católica, sino que ésta presenta ahora índices de crecimiento considerablemente menores a los alcanzados por los grupos no católicos.”

De otro lado, hay quienes afirman que la modernidad implica un retroceso católico radical, que afecta no sólo a nuestra ciudad sino a la totalidad del continente. En Protestantismos y modernidad latinoamericana, Jean-Pierre Bastian asegura que “a finales del siglo XX, la metamorfosis religiosa se apodera de América Latina. En este contexto, la iglesia católica va perdiendo cada vez más el terreno que había ganado en la década del cincuenta“.

Precisamente sobre la crítica situación de la religión católica en las últimas décadas, Bastian refiere que "sus desesperadas y redobladas cartas pastorales y encíclicas condenando duramente a las sectas reflejan esta importancia para contrarrestar una corriente de autonomía religiosa que la sorprende cuando pensaba poder celebrar firmemente el quinto centenario de una evangelización totalizadora". Durante años, la iglesia católica supo hacer frente a todas las manifestaciones religiosas alejadas de su doctrina. Sin embargo, durante las últimas décadas, los nuevos líderes religiosos han logrado reunir las armas suficientes para enfrentar a un clero cada vez más debilitado.

Esta última posición parece ser la más adecuada para describir el panorama religioso limeño. El obispo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días asegura que la mayoría de de sus miembros acudieron a las enseñanzas mormonas buscando una alternativa frente a una catolicismo incapaz de llenar sus expectativas. En el mismo sentido, Sudarkirta, madre instructora de la comunidad Hare Krishna, sostiene que quienes se acercan a la comunidad “se sienten agobiados por las exigencias sociales de una religión tradicional que no establece un contacto real con la divinidad.”

De alguna manera, pues, la proliferación de estos movimientos religiosos implica el debilitamiento del catolicismo tradicional. Para Josef Schmitz, la “pérdida de la sustancia religiosa” constituye una de las principales causas de esta decadencia. El antropólogo Armando Millán confirma esta teoría al afirmar que “la iglesia católica se ha distanciado un poco del sentimiento vital, de la experiencia religiosa. Durante el rito es fundamental que el creyente sienta a su Dios vivo y que sienta una conexión verdadera con El. El ritual tradicional de la iglesia católica ha perdido ese componente, por eso el creyente intuitivamente busca otras experiencias en las cuales pueda sentir esa conexión”.

La religión católica parece haber centrado su atención en una repartición de pautas y normas que el creyente debe cumplir, en detrimento de la vinculación íntima con los fieles. Esta carencia ha sido identificada por los movimientos religiosos alternativos que han basado toda su temática, precisamente, en la satisfacción de esas necesidades intimistas no satisfechas. Los grupos carismáticos, por ejemplo, presentan una propuesta que, si bien se mantiene dentro de los parámetros ideológicos del cristianismo, busca intensificar el alcance emocional del ritual. “Con los carismáticos, la vivencia del ritual es más cercana para el individuo. Se emociona, lo siente, se conmueve y llora. En una misa católica, en cambio, solamente escuchas, cumples lo que tienes que cumplir y te vas. Es simplemente una práctica social”, sentencia Millán.

La conexión con la vida práctica del individuo tampoco es una característica del catolicismo limeño. Tito Castro sostiene que “lo que hacen muchas parroquias católicas es cerrarse en un dogma poco práctico, mientras que el protestantismo y las sectas tienen una actitud ante la vida un poco más abierta, más pragmática. Mientras que la religión católica suscribe su organización al aspecto ritual y ceremonial, las religiones protestantes organizan su vida no sólo en función al rito sino a la vida productiva”.


Así pues, frente a una religión tradicional que parece descuidar tanto el aspecto emocional como el pragmático, el campo religioso se democratiza y los grupos religiosos que mantenían un desarrollo incipiente en la década de los cincuenta empiezan a ingresar con fuerza en el juego de la oferta y la demanda. En palabras de Bastian, “tiene lugar un paralelismo entre la situación económica y la religiosa. En el campo religioso se pasa de una economía religiosa de monopolio a otra economía de competencia”.

En este contexto competitivo, algunos movimientos religiosos optan por recurrir a tácticas propias del marketing comercial: resaltan las características más llamativas e innovadoras de su nuevo “producto” con el fin de captar la mayor cantidad de adeptos. Sudarkirta reconoce abiertamente este factor cuando afirma que “el concepto pragmático que funciona como gancho para que las personas se sientan atraídas hacia lo concreto de nuestra filosofía es la lucha por la preservación del medio ambiente.” Para la comunidad Hare Krishna, el recurso del “gancho” resulta sumamente efectivo porque constituye una novedad en el “mercado” religioso. Pero no siempre existe un elemento de novedad tan evidente dentro de la propuesta de algún grupo religioso. Los Testigos de Jehová, por ejemplo, mantienen una doctrina casi tan teórica como la católica, pero con el fin de incursionar rápida y eficazmente en el campo religioso, confieren gran importancia a la distribución de su “producto”. Para ello, resaltan la importancia de la evangelización y recurren a la técnica de visitas personalizadas.

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