Los Políticos de mentira
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Los Políticos de mentira

Por Carlos García Montero

En enero del año pasado, Alberto Fujimori declaraba a la prensa japonesa, que durante su gobierno nunca se desviaron los fondos de las donaciones al Perú. Sin embargo, todos los ministros, alcaldes, congresistas, ayayeros y chupa medias que formaron parte de Cambio 90 Nueva Mayoría se compraban lujosas casas. También casas de playa, carritos del año, camionetas, yates y pasajes de avión, para viajar por todo el mundo y con toda la familia. En las calles, las madres del vaso de leche protestaban desesperadas por la posible cancelación de la ayuda, y Susana Higushi -ex esposa del leal Alberto- denunciaba malos manejos de donaciones norteamericanas y japonesas.

Si excavamos un poco más, un año antes, encontramos que nuestro patriótico chino desató el más osado operativo de inteligencia, digno de la más mamarrachante película de acción, con el objetivo de capturar al prófugo Vladimiro Montesinos, su entrañable amigo y cómplice, haciendo el ridículo de él y de todos los peruanos. Finalmente, sin ir muy lejos, nos tropezamos con el rey de las promesas sin cumplir: el Presidente Alejandro Toledo. Si él dice: “aumento de sueldos para todos los servidores públicos”, significa huelgas masivas a nivel nacional. Los políticos del Perú son vulgares mentirosos.

El político transparente, que publicita su amor incondicional hacia la verdad, no existe. No existe un hombre estrictamente veraz, jamás ha existido y jamás existirá. Tenemos que entender que la mentira es eterna, inacabable; que es perpetua porque está fundada en la necesidad. No en vano el historiador americano Francis Parkman, repetía con convicción: “Nadie podría vivir con una persona que dijera la verdad siempre”. Entonces, ¿por qué pensar que en la política sería diferente? La pura mentira es un medio legítimo para lograr objetivos políticos, y ha sido contemplada como válida durante toda la historia de la humanidad.

Hay que saber mentir. Distinguir entre la costumbre mezquina y lo laudable, entre lo obsceno y lo bello. Sólo se puede llegar al entendimiento y a la delicadeza a través de la educación y del conocimiento. La templanza se encuentra mintiendo oportunamente y con prudencia. Los políticos más reconocidos y queridos son personajes como Víctor Raúl Haya de la Torre, Winston Churchill o Theodore Roosevelt. Emblemáticos e intachables, pero hombres y políticos también, y, por lo tanto, mentirosos.

Los políticos peruanos, con su innegable capacidad para sumergirse en la más hedionda porquería y su siniestro romanticismo con el escándalo, el egoísmo y la crueldad nos dejan un panorama desolador: la verdad que hiere o la mentira hostil.